
Ayer asistí a una cena de Rich Dad en Barcelona y la mesa rápidamente se dividió por géneros.
Es curioso cómo influye el sexo en el modo de abordar los asuntos. A mí, realmente, se me hace muy difícil hablar de según que cosas con personas en las que no confío. Por tanto, lo primero es conocer y después intercambiar.
Y cada uno muestra las cartas que considera oportunas. La lucha de cerebros siempre está presente a pesar de que cada uno la muestre de formas diferentes.
En general soy una persona bastante positiva, pienso firmemente que todo el mundo es digno de confianza hasta que muestra lo contrario (actuar al revés responde a la misma limitación), por eso prefiero empezar por establecer un trato humano antes de cualquier cosa. Es algo profundamente femenino.
Y las personas de ayer eran muy interesantes, y estimulantes, y me encantó hablar de todo menos de dinero, porque tal vez crea mejores vínculos.
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