
Así es como siento a menudo cuando evalúo los diferentes caminos que tengo enfrente. Hacia dónde ir? Qué opción es mejor? Qué difícil es todo cuando no sabes qué camino elegir.
Y están todos delante, en un mundo que se hunde. Y yo, sin deudas, con un buen empleo y el papelito milagroso asegurador de créditos con doble cara. El banco es un mal socio necesario en esta situación que nos ha tocado vivir.
Dentro de poco tengo cita con una entidad bancaria, a ver en cuánto estiman mi solvencia. Será el primer examen que pase en el que el conocimiento de la materia no cuenta nada. Sólo el riesgo potencial que supongo como ente trabajador.
Pero cuando me miro al espejo sale el otro yo, el que quiere invertir, ir más allá del círculo sueldo, gasto, pago, sueldo. Y a veces me siento muy sola, cruzando el largo desierto de los asalariados sin nadie que me haga luces al final del camino.
Pero el sendero es largo, y se hace camino al andar, así que paciencia y formación.
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