
Cuenta la teoría del caos que el batir de las alas de una mariposa en Hong Kong puede causar una tormenta en Nueva York. Es decir, que la interelación y la causa-efecto, aunque sea de cosas pequeñas, es muy importante.
En el ámbito de los negocios la atención a las cosas pequeñas debe ser extrema. Muchas personas se lamentan a veces de la mala suerte que tienen, de lo imprevisible que es el mercado, de cómo podían prepararse para algo así, etc. Pero en el fondo han permitido, por activa o por pasiva, que los inexorables mecanismos de los acontecimientos caóticos se ciernan ante ellos.
No me malinterpreten, no se trata de control, ni de obsesión. Sencillamente (y no tiene nada de sencillo), de dirigir la organización hacia los principios atractores más viables. Hacia los escenarios donde es más probable que la moneda se decante.
En gestión no sirve el manual. Y aunque evidentemente es bueno ceñirse a reglas y protocolos para funcionar en el día a día, cualquier empresa es como un velero que si no adapta sus velas en todo momento perderá cualquier ventaja competitiva.
Cuando digo que debe tenerse en cuenta lo pequeño es porque antes de la gran tempestad siempre hay discretas señales que nos alertan de que algo no marcha bien. Y es en ese sentido que hay que estar en constante vigilancia, para corregir los errores que nos pueden llevar al desastre.
Los procesos caóticos son imprevisibles, pero controlables con una correcta actitud.
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