lunes, 22 de febrero de 2010
jueves, 11 de febrero de 2010
Objetivos para 2010

Finalmente expongo mis objetivos económicos para 2010:
1. Crear una cuenta de emergencia de 1.600 euros
2. Elevar la facturación de la empresa un 20%.
3. Disfrutar manteniendo nuestra tasa de ahorro/inversión en 500 euros al mes (6,000 euros anuales)
4. Tener ingresos de +40 euros al mes por webs de internet, google ads, cuentas remuneradas, etc. (total anual de 480 euros)
5. Tener 1,000 euros en acciones de Apple + 1,000 euros en Gas Natural en fecha 31/12/2010.
6. Cambiar de compañía de móvil antes del 28/2/2010
7. Tener un patrimonio neto de 19.000 euros + 2.000 euros de beneficios obtenidos en fecha 31/12/2010. Total: 21,000 euros.
Choque de generaciones: jubilados a los 30

La Razón
9 Febrero 10 - Madrid - David Moralejo
Trabajar para vivir en vez de vivir para trabajar. Ésta es la máxima de una nueva generación a la que le preocupa el éxito personal por encima del profesional
Pocos padres nacidos en los años 50, ésos que vivieron su juventud entre hipotecas, cambios de pañales y una más que difícil conciliación de la vida laboral con la personal, entienden qué les pasa a sus hijos. Han luchado sin tregua por ellos para que tuvieran la mejor educación y su currículum brillara por encima del resto. Sin embargo, muchos de estos jóvenes sobradamente preparados se están dando cuenta de que el éxito laboral no siempre da la felicidad. Ni siquiera el fantasma de la crisis les impide dejar sus trabajos en pos de una vida mejor, sin estrés, sin prisas y, sobre todo, sin cargas económicas.
Marc Oromi trabajaba en una agencia de comunicación barcelonesa. Estuvo allí tres años, «pero las largas jornadas laborales y los continuos viajes me hicieron ver que llevaba un ritmo muy alejado del que yo quería vivir. La imposibilidad de compatibilizar mi vida familiar con el trabajo me hizo dar el paso». Así, un buen día, pidió la cuenta, apagó el móvil, cogió la mochila y se fue a recorrer el sudeste asiático. «A mis padres les costó mucho aceptarlo, porque creían que al irme podía perder la estabilidad económica y todo lo que había logrado. La gente de mi generación me apoyaba más, eso sí», añade. En su periplo, Marc recorrió Vietnam, India, China e incluso Camboya, donde conoció a la Reina mientras colaboraba con la fundación del jesuita Kike Figaredo en Battambang: «Nunca imaginé que acabaría topándome con Doña Sofía en un lugar así, fue una más de las experiencias increíbles que viví». Marc ya ha regresado a Barcelona, pero tiene claro que «ahora trabajo para vivir. Me compensa más disfrutar de una tarde libre que ganar cien euros para gastármelos en un restaurante. Además, sigo viviendo de alquiler. No quiero atarme a nada, aunque también asumo que no puedo estar de espaldas al sistema al cien por cien».
Camarera en Australia
Lorena Voces hizo algo parecido: pegó un frenazo en el mejor momento de su carrera, cuando, después de trabajar en radio y en televisión, por fin había logrado dedicarse a su sueño, las relaciones públicas. Sin embargo, tres años después de conseguirlo «me empecé a agobiar porque no tenía vida personal; todo comenzó a mezclarse y sentía que me pasaba las 24 horas del día trabajando». Lorena tomó un avión rumbo a Malta, donde pasó tres meses para perfeccionar su inglés, y después se fue a recorrer Australia, Nueva Zelanda y Tailandia. A sus padres tampoco les gustó la idea: «Pensaron que era una locura, que debía afrontar mi carrera profesional con madurez. Es más, a día de hoy siguen sin reconocer que el paso que di fue bueno para mí, ya que ahora soy bilingüe. Lo ven como unas largas e innecesarias vacaciones», añade.
A Lorena, de 29 años, no le preocupó dejar de cotizar en la Seguridad Social «y mucho menos perder la antigüedad en la empresa. Tenía claro que cuando volviera a España trabajaría en lo que fuera para sobrevivir». Así hizo en Sidney, donde se ganaba la vida como camarera del bar español La Tapa Guapa «hasta que ahorré dinero suficiente para recorrer Nueva Zelanda en caravana». Ahora, Lorena ha regresado a Madrid, pero no descarta irse de nuevo, «porque cuando vives una experiencia así siempre quieres más».
No son casos aislados: el actor Miguel Ángel Silvestre, tras el desmedido éxito de su papel de El Duque en «Sin tetas no hay paraíso», desconectó el móvil, bloqueó su agenda y se fue a hacer surf a Cádiz durante meses. Algo similar han hecho el nadador Rafael Muñoz y la cantante de Russian Red, que, tras triunfar con su primer disco, ha decidido «tomar un poco de distancia y realizar un viaje sin planes de nada por EE UU». Porque, para ellos, el tiempo es oro y el dinero no tanto.
Rafa Muñoz, el campeón que no quiso serlo
En julio de 2009, Rafael Muñoz, de 21 años, se convirtió en el primer nadador español que lograba dos medallas en un campeonato del mundo. Después de hacer temblar al mismísimo Phelps con su poderoso «efecto mariposa», despareció. El día que terminaron los mundiales, Rafa se bajó del avión y se fue a Córdoba, su ciudad natal. Dejó de entrenar, como hacía cada día, en el club Navial, y lo siguiente que supieron de él sus allegados fue que estaba en Barcelona con unos amigos. Habían decidido alquilar una «roulotte» y recorrer España porque, como ya había avisado Muñoz antes de su última competición, «no quiero llegar a los 28 años para darme cuenta de que he perdido mil cosas por la natación. Yo no soy ambicioso, y las cosas que me gustan no se compran».
viernes, 5 de febrero de 2010
El sistema piramidal de las pensiones

La propuesta de retrasar la edad de jubilación a los 65 años ha caído como un jarro de agua fría. De lo que un principio fue apuntado sólo como una idea (entre noticias dispares de cementerios nucleares, crímenes de menores, terremotos y no sé cuantas barbaridades más) hemos pasado a las más altas recomendaciones del FMI (ojo con este organismo, que predice cual Casandra lo que va a suceder...) y a la "necesidad" de hacer un esfuerzo colectivo para salir de la crisis.
Vamos a ver, el hecho de que me jubile 2 años más tarde, es decir dentro de 37 años, no va a aliviar la crisis que tenemos ahora (si hay que esperar 37 años a que pase el temporal mejor ir emigrando a Suecia, vaya), pero sí que me va a ROBAR 2 años de trabajo respecto a las personas que se han jubilado a los 65 y que en relación, han cotizado menos de lo que yo pago en estos momentos.
Porque el problema es mucho mayor; en todo sistema piramidal el peligro siempre está en la inversión de la figura, cuando hay más gente arriba que a bajo (recibiendo que aportando) o cuando no hay suficiente personas en la base. Y esto es lo que está pasando: aumento de la esperanza de vida, población envejecida sin "recambios", altas tasas de paro entre la población activa, etc.
Y quien lo paga: el de siempre, el que paga. El trabajador con una renta algo superior al mileurismo, el pequeño autónomo, la pequeña empresa. El palo del gallinero. El que hace esfuerzos para en teoría aliviar la crisis cuando lo que hace realmente es resignarse a pagar una vez más. El que acepta que le extorsionen y le atraquen una vez. Aquél que lucha tratando de proteger lo poco que tiene. Éste es el que aguanta el sistema. Hasta que se harta y se larga, o aprueba una opos, o monta un negocio porque se ha cansado de palmar a costa de la pésima gestión ajena.
En fin, que a mí cada vez me queda menos en esta sacrificada, insegura y paupérrima vía. Y quien diga que un trabajo es lo más seguro, que me lo cuente a los 67, jubilado, viejo, pobre y con un sistema de cobertura social que hará aguas por todo sitios.
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