miércoles, 11 de noviembre de 2009

El Casino


Por cuestiones de la vida, el domingo pasado terminé en un casino suizo. Puro azar encontrarme allí.

Hace muchos años visité un bingo, con un grupo de amigos celebrábamos que ya teníamos 18 para acercarnos a lo reservado para los mayores de edad, y la experiencia fue similar a esta visita, salvo algunas excepciones.

En primer lugar, porque me di cuenta de que un casino es tan deprimente como un bingo. No hay música, poca conversación, mucho humo y bastante soledad.

Lo que cambia es el escenario. De un bingo cutre de Barcelona a un elegante casino en Basel. Clientes de tres países, mucho dinero y poca diversión.

La base del negocio es excelente. Todo cash. Muchas personas (de todas las edades, género, raza y aparente condición) cambiando fichas por dinero, casi nadie haciendo el cambio a la inversa.

Y muchos sueños o ilusiones mal enfocadas. Entramos con la idea de jugar 20 ó 30 francos, pero en 5 minutos vimos que era mejor dejárnoslos en copas. Bebimos los gintonics más baratos de toda Suiza.

Para qué malgastar tu dinero? La única que gana es la banca. Así que mejor disfrutar del ambiente (es un decir, fue divertido porque estábamos haciendo turismo social), de las bebidas baratas y la comida gratis.

Y por supuesto del magnífico hotel, propiedad del casino, con increibles servicios por muy poco dinero (nos llevó un chófer al aeropuerto). Porque con nosotros se equivocaron, éramos la rara avis en ese entorno. Los únicos que no jugaban, que tienen otro plan para hacerse ricos.

Lo mejor, la sauna de madrugada a solas con mi chico...

martes, 10 de noviembre de 2009

El riesgo


Un inversor es principalmente un gestor de riesgo.

En primer lugar, gestiona su dinero, es decir, debe conocer perfectamente hasta donde puede llegar. Por ejemplo:

1. Si tiene 1.000 y necesita 500 para vivir, sabe que su umbral de inversión y de posible deuda para no irse a pique son 500.

Pero dormirá tranquilo por las noches sabiendo que ante el menor contratiempo se va a ir a la quiebra?

La respuesta es depende, si ve el negocio de forma clara, conoce las reglas y sabe donde se mete, es posible que asuma un riesgo elevado en cantidad pero controlado en términos generales.

De cualquier modo, en esta situación se estará situando en la línea roja de la inversión, aquella que hace que ante un contratiempo todo pueda saltar por los aires. Así que cuidado.

2. Si la opción es interesante y nos permite entrar con 400, nos mantendremos en un margen de seguridad de 100. Sigue siendo ajustado, pero si el negocio vale la pena puede ser una muy buena oportunidad de ganar dinero.

Y aun mantenemos una zona de maniobra por si las cosas se tuercen.

Estamos en la franja amarilla.

3. El negocio permite entrar con 200. Rentabilidad, riesgo calculado y seguridad de saber que pase lo que pase seguiremos adelantes y no iremos a la quiebra.

Zona verde.

Casi todo el mundo tiene una zona verde... dinero guardado que se pudre en el banco, en un depósito o en un fondo de inversión tortuga que nos da poca más (o menos) que la inflación.

Por qué no mover ese dinero?

En el peor de los casos nuestra vida no se verá afectada. Como mucho tendremos una sensación de pérdida parecida a cuando nos tiran esos viejos pantalones que nunca usamos pero que mantenemos en el armario de forma perenne.

Si sabemos lo que hacemos, conocemos las reglas y estamos en la franja verde, hay que seguir adelante. Lo contrario es una forma pasiva de asumir riesgo (aumento del coste de la vida, pérdida de oportunidades, desmotuvación etc), aunque socialmente se vea como algo "seguro".

Actuar con criterio con el dinero no se trata de acumular una montaña de oro a lo Tío Gilito, sino saber muy bien donde estamos, qué podemos hacer y qué vamos a hacer.

Asumiendo los riesgos, sin miedo, pero con cabeza.